
Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.
Antoine de Saint-Exúpery
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Entrada la noche, luego de un largo día en casa, mil pensamientos e ideas que queremos hacer y el día no da para más..., entre alguna hogaza de pan que realicé, un día de lluvia va terminando por acá..., redacto esta entrada en medio del tic, tuc, tic, tuc que en un inicio mostraba un intento leve de calma, luego de una tarde llena de tormenta. Pero el barullo de un carro, la baja de luz varias veces y la falta de ella por unos minutos..., y en medio de la soledad de la casa en la noche. Me recuerdan que mañana será un día para revolotear por montones..., antes de quedar completamente sola por una larguísima semana en casa..., y a correr a escribir porque no quiero quedar sin conexión.
Un par de calabacines hacen parte de la entrada que traigo para el día de hoy, sé que luego de serie de Tarta Bakewell, de bananas bajo el mar y de Badamburas de Azerbaiyán (este último una gozada total para hacer...). Ya es justo traer algo salado. Pues entre ese lindo verde y rojo que nos recuerda una época que llega pronto..., hoy el plato es sencillo y rico. Sirve como plato único servido en los mismos calabacines..., que campantes ellos con sombreros incluídos posan majos con un rico relleno.

Cuando escribes en medio del trinar que hacen los pájaros mientras llegan a sus nidos en las tardes de invierno (un supuesto invierno que este mes ha tenido pocos días fríos a decir verdad, haciendo la comparación con el año pasado, quizás llegue un poco más tarde o quizás no vaya a ser tan intenso... ya lo veremos). Con el transcurrir del tiempo, ya cumplimos cuatro años viendo crecer un trio de palmeras que en un comienzo eran pequeñas y en el piso de la casa no las veíamos, al día de hoy cuatro años después...